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Vascos y trabajadores
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Escrito por Alex Oviedo   
Viernes, 11 de Mayo de 2012 12:08

Euskadi ya no es lo que era. O lo que en casa me repitieron que era: una sociedad formada por hombres (y mujeres) trabajadores, emprendedores, activos, siempre en lucha contra las adversidades, creadores de negocios, inversores por el bien de su entorno. Hoy, echando un vistazo a los medios de comunicación me encuentro con la noticia de que la CAV está a la cabeza del absentismo laboral en España. Así, con dos bien puestos. Dicen que se debe a la tradicional vinculación con la industria, pero también a que la posibilidad de obtener la baja por enfermedad es mayor que en otros países. Que uno tiene un catarro y le dejan quedarse en casa. Y que en Euskadi la media de bajas por trabajador es de 44 días al año (71 días si son funcionarios). Yo, que no soy nada dado a los porcentajes, que a veces ni me los creo, leo que el índice de absentismo laboral ronda el 5,3% en la CAV frente al 3,3% de Baleares, el 3,4% de Extremadura o el 3,6% de Andalucía. Y claro, a uno le han bombardeado con imágenes de andaluces tranquilotes y apáticos, muy fiesteros, y no sabe ya a quién creer. Siguiendo con los datos: en Euskadi, hasta junio del pasado año, había 14.509 "hiperfrecuentadores", es decir, funcionarios que habían cogido dos o más bajas de menos de 20 días en un periodo de tres meses. Que esos 14.509 trabajadores suponían ellos solos más de 33.000 bajas. Que desde que se aprobó que un trabajador público no cobrase todo el sueldo por estar de baja se había reducido el número de ausencias. En fin, no sé si tendremos que cuestionarnos algunos de nuestros arquetipos, o si las cifras dependen del cristal con que se miren. De momento, yo ahí las dejo.

 
Jackie la Destripadora
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Escrito por Alex Oviedo   
Jueves, 10 de Mayo de 2012 09:16

Son todo suposiciones, hipótesis a partir de hallazgos poco claros, pero son los que han permitido que Jack el Destripador siga siendo a día de hoy una de esas incógnitas históricas. Similar a la sonrisa de La Gioconda. La precisión de las incisiones a las cinco prostitutas de Whitechapel hizo pensar que se trataba de un asesino con conocimientos de cirugía. De ahí que muchas de las pesquisas acabsen señalando al médico personal de la reina Victoria, John Williams, que al parecer poseía una clínica abortista por la zona. Multitud de obras, desde novelas gráficas a series de culto, apuntaban de una manera u otra hacia él. Pero era una teoría, porque un personaje como The Ripper da para mucho. Ahora, 124 años después de los asesinatos, un abogado retirado, un tal John Morris, ha sugerido otra hipótesis: el asesino en serie más famoso de la historia podría ser una mujer, en concreto la esposa del doctor de la reina: Lizzie Williams. Entre las razones que fundamentan esta teoría está la realización de un perfil parcial de ADN a partir de las muestras obtenidas de las cartas que presuntamente envió el Destripador a la policía. Estos resultados sugerían que podía tratarse de una mujer. Con esta idea en mente uno puede ir rellenando los huecos: Lizzie, una mujer infeliz en su matrimonio, podría haberse revuelto contra el hecho de que su marido mantuviera contactos con una de las prostitutas asesinadas: Mary Jane Kelly. La aparición de tres pequeños botones pertenecientes a una bota de mujer en uno de los escenarios, o restos de ropa de mujer entre las cenizas de la chimenea de Mary Jane —una capa, una bata y un sombrero que al parecer no eran suyos— subrayarían la hipótesis. Como el hecho de que ninguna de las víctimas fuera violada, o que se les extrajera el útero, símbolo de una fertilidad imposible para la esposa del médico. O que los efectos personales de otra de las prostitutas fueran colocados a los pies de su cama «de forma femenina». O que Lizzie Williams sufriera un profundo ataque de nervios tras los asesinatos. O que... En fin, que ante la ausencia de evidencias científicas podremos seguir elucubrando y rellenar los misterios que quedan en el puzle de Jack el Destripador. O Jackie.

 
El escote
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Escrito por Alex Oviedo   
Martes, 08 de Mayo de 2012 09:31

Julia OrayenSeguimos siendo primitivos, nuestros intereses se mueven por circunstancias ajenas a esos grandes conceptos que airean los periódicos y vociferan nuestros líderes. Que un escote o un vestido blanco entallado monopolicen las conversaciones de un país más allá del debate televisivo de los candidatos a la Presidencia de México ejemplifican, en mi opinión, la distancia que existe entre la realidad y la realidad. Para los que no lo sepan: se celebraba en la televisión mexicana uno de esos debates en los que todo está pactado, todo son números y promesas, todo es serio y aburrido. Y entonces, la imagen de una azafata de vestido ceñido y escote superlativo se cruzó en la pantalla, y ya todos los espectadores se olvidaron de los discursos de los candidatos. Incluso uno de ellos se vio sorprendido mirando el trasero de la joven. En Internet comenzó a correr como un reguero de pólvora el nombre de esta azafata de origen argentino, Julia Orayen, portada de la edición especial en 2008 de Playboy en México y modelo. Quince segundos de éxito, cinco mil seguidores en menos de dos horas en su cuenta de Twitter, trending topic mundial —esas cosas que parecen tan importantes hoy en día— y por supuesto portada de los periódicos del día siguiente. Seguramente volveremos a oír hablar de ella mucho más que de las propuestas de los candidatos. Puede que acabe elevada a los altares de un programa televisivo. O la contrate Berlusconi para reflotar su imagen. Que él sí que sabe.

 
Cristiano o la casquería fina
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Escrito por Alex Oviedo   
Jueves, 03 de Mayo de 2012 09:57

Una de las cosas que más me sorprende de mis visitas a Madrid es su gusto por la casquería, especialmente el olor que impregna sus calles. Aún recuerdo unas fiestas de San Lorenzo en Lavapiés y dos productos denominados entresijos y gallinejas, cuyo aroma nos envolvía con su película de grasa. Pensaba en la casquería al ver a Cristiano Ronaldo hacer un corte de mangas al público de San Mamés (o a Javi Martínez), o a Mourinho en su pose faltona y provocadora que tantos titulares ofrece a los medios de la capital. Ambos, representantes de la mala educación y falta de respecto que asola la sociedad de hoy. No niego sus cualidades ni como jugador ni como entrenador —para eso ya están las estadísticas o las hemerotecas— pero representan la casquería del deporte: productos que alimentan, dan energía, incluso dejan un inicial buen sabor de boca, pero huelen mal, apestan a pelo engominado y producen digestiones largas. Para la masa enfervorecida vestida de blanco, para los anales deportivos, serán un ejemplo a seguir; el resto preferiremos siempre la humildad de un trabajo bien hecho vestido de educación, tanto en la victoria como en la derrota. Pero está claro que en ciertos lares prefieren la casquería. Aunque sea fina.

 
El regusto de lo parlamentario
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Escrito por Alex Oviedo   
Lunes, 30 de Abril de 2012 10:13

Leo en El Correo que hoy cumpliría cien años el general Manuel Gutiérrez Mellado. Para los desmemoriados y los más jóvenes, quien fuera vicepresidente del Gobierno durante la Transición, aquel hombre de aspecto reducido que se negó a tomar asiento cuando se lo ordenaron los golpistas del 23-F. No sólo eso, sino que resistió en pie los intentos de varios guardias civiles por doblegarle. Únicamente la intervención del presidente Adolfo Suárez hizo que Gutiérrez Mellado volviera a su escaño, mientras el resto de los diputados besaban el suelo del miedo (creo que Santiago Carrillo también se mantuvo impertérrito, aunque esa imagen no se me haya quedado en la memoria). En mi casa se sentía especial devoción por el general, y pienso ahora que se identificaba como una de esas figuras clave del proceso democrático, no lo sé; es más seguro que mi abuelo —prácticamente quinto del general— viese en él un ejemplo de la educación que nos quiso transmitir. Lo otro no deja de ser más que elucubraciones de hechos vistos desde el futuro. Lo cierto es que de aquel 23-F sólo me queda la sensación de que muy pocos diputados habrían dado su vida por el país que decían defender. Aún hoy me queda un poso de aquel regusto amargo.

 
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