Colaboraciones
Ejemplares
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Revista - Colaboraciones
Escrito por Javier Aguirre Ortiz   
Martes, 15 de Mayo de 2012 15:23

Un bosque está para algo más que para hacer papel, o para que imprimamos millones de ejemplares de libros ecológicos. Julio Cortázar ironizó sobre la proliferación de escribas que desencadenaría una profusión de libros capaz de modificar la orografía y los fondos oceánicos. Y cuántos de esos libros no habrían de encontrar nunca una mano amiga que les diera la vida de unos ojos. Las hojas de los árboles, escritas, sepultadas en bibliotecas solas. Libros que sujetan, al menos, la pata de una mesa. Libros que van y vienen sin abrirse, sarcófagos viajeros. Libros que botan de las bibliotecas públicas sin que nadie lo sepa (ahora lo saben). Libros de Dioscórides, de José Ingenieros, de autores que no leerás. Libros de cocina rápida, guías telefónicas de 1967, hojas muertas. Contra los tsunamis de libros y la muerte de los árboles, y a favor de los brotes, recordamos algo. Visitemos las bibliotecas, me dicen, y cuidémoslas; buen consejo, pero esas bibliotecas no son las de Borges. Me hablan de los libros impresos con papel reciclado, y asiento, pero aún dudo. Otra cosa digo. Pienso en los libros virtuales, que pueden llegar a miles de lectores sin quebrar una rama, o sólo alguna que otra. Sorprendentemente, gracias a la difusión virtual, las tiradas de poesía, que siempre han sido exiguas (salvo contadísimas excepciones) alcanzan una difusión mucho mayor si se aprovechan oportunamente los cauces que ofrecen las redes sociales, y sitios como Scribd e Issuu, memoriachilena.cl o Surco.cl, sin ir más lejos. Cada vez son más los autores que prefieren compartir sus publicaciones de modo virtual sin temer por eso que las reales vayan a verse retrocedidas. Y es que la difusión universal en línea no deja de ser una suerte de garantía contra el plagio, dado que es fácilmente comprobable la autoría de un texto que está en la red. Nadie está hablando de la muerte del libro, pero sí de una moderación que expurgue lo prescindible y potencie lo necesario. “Optimicemos los recursos”, se oye decir a cada paso. Las nuevas tecnologías son útiles considerables para establecer una nueva relación con nuestro cansado planeta. O para lo contrario. Todo depende del uso que hagamos de ellas. Seremos ecológicos o no seremos.

 
La obra y el silencio
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Revista - Colaboraciones
Escrito por Javier Aguirre Ortiz   
Martes, 08 de Mayo de 2012 16:17

Silencio, enfermeraLos poetas pretenden perdurar, seguir sonando contra el tiempo. Pero a veces insisten demasiado. Se empeñan en seguir apareciendo, en que su voz se escuche, que resuene. Y esos ecos son los que lo asesinan. La poesía que da con las paredes, y que va de eco en eco repitiéndose, la poesía que pugna contra el aire, se muere, porque no es poesía la voz que nació muerta. Las palabras son enemigas de la palabra. Por eso no es conveniente agitar al poeta, llevarle de escenario en escenario itinerando como mono de feria. Tal vez Rafael Alberti sea el prototipo de gran poeta que al popularizarse se diluyó (¿nos atreveríamos a decir lo mismo de Neruda, de quien Gonzalo Rojas dijo que era un genio pero escribía demasiadito?). En el caso de Alberti la crítica afirma que sus dos mejores libros (Marinero en Tierra y Sobre los ángeles) los escribió antes de los 30 años, y que en su vasta trayectoria posterior, cuando ya era figura, ninguna obra estuvo al mismo nivel. Las bambalinas, el barullo, la agitación, los focos, no suelen ser buenas aliadas del poeta, acaban llevándolo a los versos circunstanciales, al contento inmediato del público asistente, a la dedicatoria y reverencia. El silencio es el aliado del poeta, y esa otra forma del silencio que es la música; escuchar con los ojos a los muertos, lentamente fraguar la obra callada. Y la inquietud, la insatisfacción, la apertura a los cambios de tiempo. La poesía es enemiga de las rutas prefijadas, de las repeticiones; nada más lejos de la poesía que los poetas que defienden legados inmutables, los petrarquistas petrificando a Petrarca, los modernistas acartonando cisnes, los vanguardistas fijando innovaciones. Qué misteriosamente te desmarcas, poesía, de todos cuantos dicen conocerte. Tú, la desconocida.

 
Para un ambiente de lectura en la escuela
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Revista - Colaboraciones
Escrito por Alex Oviedo   
Domingo, 22 de Abril de 2012 00:12

Con motivo del 23 de abril, Día del Libro, un grupo de profesionales han elaborado un manifiesto en favor de la creación de un buen ambiente para la lectura en la escuela. Y lo han hecho partiendo de doce puntos que desde aquí suscribimos:

1º Educar una actitud favorable

La disposición personal que vincula íntima y favorablemente a la comunicación mediada por textos se configura al hilo de experiencias significativas nutridas de emoción, metáforas e imágenes.

2º Disfrutar la comunicación

Los textos se pueden compartir desde edad muy temprana y disfrutar junto a otras personas en situaciones agradables y placenteras que crean climas propicios para el juego, la expresión y el diálogo.

3º Generar una motivación personal

La actitud personal favorable se convierte en motivación autónoma conforme va siendo interiorizada por quien siente la comunicación mediada por textos como una fuente de placer estético e intelectivo, un camino para la indagación y el descubrimiento, una vía de conexión con el mundo y de proyección imaginaria en él.

4º  Reconocer la diversidad

Cada persona orienta su motivación de acuerdo a preferencias e intereses diversos como diversas y plurales son la vida, las expectativas individuales, las relaciones. Por ello los lectores deben poder elegir sus lecturas entre una amplia variedad de registros culturales y de tipologías textuales.

5º   Favorecer la libertad de lectura

Ser lector es crecer en libertad. La educación de la lectura en libertad ha de ser capaz de amparar la diferencia, los valores divergentes, la crítica de las apariencias o la incorrección transgresora que cada lector reelabora en su mundo imaginario.

6º Apreciar la calidad literaria

En todas las tipologías textuales existen textos de calidad literaria, no estereotipados y accesibles para lectores de distinta edad, cuya recepción alimenta los procesos de educación literaria que traen consigo aprecio de la belleza, discernimiento entre hondura y banalidad,  diálogo con uno mismo, reconocimiento de la alteridad.

7º  Ejercer la mediación entre los lectores y los textos

El adulto que ejerce el papel de mediador entre los textos y sus receptores activa la educación literaria y acompaña el desenvolvimiento de aficiones a la lectura reconociendo la diversidad, favoreciendo la libertad de lectura, apreciando la calidad literaria. Estimula temprana y continuadamente la disposición a la emisión/recepción de textos, narra y lee en voz alta, comparte experiencias de lectura, recibe recomendaciones de los otros lectores, selecciona y recomienda lecturas que ha disfrutado y que valora como accesibles e interpretables para los lectores y las lectoras con quienes dialoga.

8º Desarrollar la competencia comunicativa

La interacción satisfactoria con los otros en un entorno textual, escuchar y decir textos, escribir textos para ser leídos por un interlocutor y leer en voz alta, dialogar sobre los textos, favorece el desarrollo de la competencia para la comunicación lingüística y el crecimiento personal.

9º Vincular placer lector y comprensión

Placer lector y comprensión lectora van de la mano; esta es la conclusión del Informe PISA 2009 acerca de la asociación entre el rendimiento en comprensión lectora, la motivación personal hacia la lectura y el placer de leer:

“En todos los países, los alumnos que disfrutaban más con la lectura tuvieron un rendimiento significativamente más alto que aquellos que dijeron que no les gustaba leer… Los alumnos que no leen por diversión son los que, generalmente, no disfrutan leyendo.  El disfrute por la lectura es, de acuerdo con PISA 2009, una condición previa de la motivación hacia la lectura… Leer por placer y rendimiento son factores positivamente asociados. El bajo rendimiento en comprensión lectora en los alumnos que dicen no leer por diversión parece aconsejar la difusión de medidas de fomento de la lectura, pero animar a los alumnos a leer más horas no significa necesariamente que mejoren su comprensión lectora. Existe un umbral que indica que la diferencia estriba en que lean diariamente por diversión, no en la cantidad “bruta” de tiempo que pasan leyendo.”

“PISA 2009. Informe español”. Ministerio de Educación, 2010

http://www.educacion.gob.es/dctm/ministerio/horizontales/prensa/notas/2010/20101207-pisa2009-informeespanol.pdf?documentId=0901e72b806ea35a

10º Distinguir entre reproducción y producción

El diálogo sobre los distintos significados extraídos por los lectores tras sus lecturas, la interpretación compartida, permite profundizar en el sentido de los textos yendo más allá de las pautas que miden la mera capacidad para reproducir significantes pero no desenvuelven la competencia para producir nuevos significados.

11º Alentar la afición y la dedicación

La motivación autónoma y el desarrollo de la competencia comunicativa alientan la búsqueda de nuevos retos textuales cada vez más complejos, que requieren afición, dedicación y esfuerzo, y se ven recompensados con nuevos hallazgos de placer lector.

12º Caracterizar la Biblioteca como lugar para el placer lector

La Biblioteca escolar es el lugar privilegiado de la Comunidad Educativa para las interacciones en torno a los textos, recurso para el trabajo del profesorado que desea compartir el placer de leer, espacio para el encuentro con las familias, entorno idóneo para desarrollar el gusto por la lectura y para articular estrategias de educación lectora y literaria coherentes.

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Tiempo para vivir
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Revista - Colaboraciones
Escrito por Javier Aguirre Ortiz   
Martes, 10 de Abril de 2012 22:18

Algo funciona mal, algo está mal montado cuando ya no tenemos tiempo para vivir. ¿Y a qué entonces hemos venido? ¿A desvivirnos solamente?  El sacrificio, esa es la clave. ¿Filosofía medieval? ¿La vida es un valle de lágrimas? ¿Así ha de ser? ¿De qué estamos hablando?

Montañas de cosas nos esclavizan, nos aturden, nos aplastan, nos desaparecen. Nos esperan a la salida desde la prisa hasta la prisa. En el intérvalo no hay nada. Ya nadie sabe qué es viajar. Sube, baja, maletas, malestares, aspirinas, denuncias. Algo funciona mal cuando cada paréntesis nos impide vivir. Cada vez más las puertas correderas, los ascensores vencedores, las lavadoras inquisidoras, dora la aspiradora, dora la esperadora, dora la desesperadora. La educación competiviva. El arribismo monstruoso. Las agujas de los tacones. La prisa, la prisa, la prisa. Peor aún, la complacencia, la resignada sistemía. Ya nada se puede cambiar. Sigamos en la lavadora, dando vueltas como payasos con los colores desteñidos. Ya no hay tiempo para vivir, ya no hay tiempo para vivir.

Y me dirán, en todo esto qué es lo que pintan los artistas, los que viven del ocio ajeno; ¿algo nos tienen que decir? Esos locos que tienen tiempo, que se pasean por el mundo, los que saludan a los árboles, los que apenas poseen una sombra desmemoriada, ¿a qué saltan en el semáforo? ¿Están haciendo qué señales? Escupen fuego, bailan, cantan, ¿descongestionan la avenida? ¿Qué han venido a hacer a esta hora con sus rostros interrogantes? ¿Por qué nos saludan así?

 
Ana se rebela
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Revista - Colaboraciones
Escrito por Verónica Portell   
Jueves, 08 de Marzo de 2012 01:06

Ana se suelta el pelo y lo despeina con aparente descuido; mechones desobedientes escapan y a ratos ocultan la mitad de su rostro. Maquilla con esmero  labios y pestañas mientras perfuma e hidrata cada centímetro de piel. Sonríe ante el resultado que el espejo le devuelve. Después pierde minutos de más eligiendo la lencería a juego del vestido negro, las medias y accesorios que mejor combinan. Y para finalizar, se sube a unos tacones altos que le alejan varios centímetros del suelo.  Recuerda mientras se calza, cómo ha cambiado de aspecto con los años. Y es que hasta hace poco, tan sólo llevaba zapatos planos y el maquillaje consistía en una base neutra y algo de brillo.

Ana es fruto de una educación contradictoria porque creció en un hogar donde el hombre nacía y vivía con privilegios de género y ella lo asumía con naturalidad. Pero también fue aleccionada desde niña para ser independiente.  Todo junto y a la vez.

Y sin querer, ahora cae en la cuenta de todo lo que hizo de modo inconsciente para librar esa batalla que le exigía ser autónoma, compatibilizar deseos propios con patrones ajenos, ancestrales.

Ana nunca ha perdido su esencia, pero por hacerse respetar y homogeneizarse a los compañeros en la oficina, ocultó durante demasiados años su femineidad bajo sobrios trajes chaqueta. Atrás quedan  aquellos años de malabarismos para conciliar maternidad reciente y trabajo como si nada en su vida hubiera cambiado. Todo para que en el trabajo se la considerara y los hijos sintieran su ausencia lo menos posible. Sufrió sin darse ni siquiera cuenta y arrastró junto al sueño crónico toda la culpabilidad heredada como pecado original.   Durante ese tiempo hasta hizo suya la tan estúpida frase de que trabajaba fuera de casa para realizarse. Puro machismo, piensa ahora. Un hombre se consideraría ridículo definiéndose así. A él rara vez se le pregunta si disfruta trabajando y no dice que si un día dejara de llenarle pediría el finiquito…

Ana camina apresurada para llegar a tiempo a la oficina. Por el trayecto ordena mentalmente el día, lo que hará para calcar rutina; la compra semanal, asistir a la reunión de padres del instituto. Y en medio de todo eso, cómo olvidarlo, atar los cabos que den por finalizado el informe que quedó atascado y comer con su mejor amiga. Una baldosa hueca le juega una mala pasada y salpica la gabardina clara de gotitas embarradas. Suelta una palabrota que se vanagloria en repetir tres veces. También es esa una diferencia si se compara años atrás, cuando la buena chica pensaba que las palabras malsonantes estaban vedadas para ella…

Ana se rebela cada día con pequeños gestos como ése. Huye de  lo que un día le exigieron que fuera para no romper la tradición femenina y a la vez ser autosuficiente por si un día lo decidiera. Por eso reivindica sus formas de mujer adulta sin sentir que provoca o seduce a nadie. Otro pensamiento machista extendido, reflexiona. Ella no se viste para ningún hombre. Lo hace para sentirse bien, por simple y puro placer.

Orgullosa de ser quien es, escoge del hombre aquello que más la satisface, no lo que a él le iguala. Madruga muchísimo cada mañana y percibe un sueldo que le permite ser libre para hacer después lo que de verdad le realiza. Sin remordimientos. Ana se rebela y reconcilia con la mujer que siempre estuvo ahí, la autentica Ana.

 
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