| La comedia elegante de Enrique Jardiel Poncela |
| Revista - Colaboraciones | ||||||||
| Escrito por Alex Oviedo | ||||||||
| Miércoles, 19 de Octubre de 2011 19:52 | ||||||||
|
Se cumple este mes el 110º aniversario del nacimiento del dramaturgo español Enrique Jardiel Poncela, autor prolífico que supo mezclar con elegancia el humor y el drama «Si queréis los mayores elogios, moríos». Este es el epitafio que aparece en el nicho de Enrique Jardiel Poncela. Una frase sin duda profética de un autor que supo como nadie analizar la realidad social en la España de principios del siglo pasado. Nacido en octubre de 1901 en Madrid, Jardiel Poncela se ha convertido por derecho propio en uno de los referentes del teatro español, cuyas obras vuelven a representarse periódicamente mostrando que el paso del tiempo no ha hecho mella en ellas.
Su obra buscó alejarse del naturalismo imperante en la época, y se centró en un humor mucho más elegante e intelectual, en el que las situaciones y los malos entendidos marcaban el argumento. A ello se añadía su facilidad para darle vueltas a las tramas y su capacidad para jugar con las palabras y las situaciones cómicas. Su búsqueda de nuevos temas y formas de tratar el teatro le llevaron, sin embargo, a ser atacado por la crítica de la época, que durante mucho tiempo le consideró como escritor, pero no como dramaturgo. A esto habría que añadir los problemas que tendría posteriormente con la censura franquista, que prohibiría algunas de sus obras. Escritor prolífico, a los veinte años había firmado algunas novelas cortas (La victoria de Samotracia, La dama rubia, El caso de sir Horacio Wilkins…) y varias obras de teatro (El príncipe Raudhick, La banda de Saboya o Mi prima Dolly). Colaboraba ya entonces con artículos y cuentos en periódicos como La Nueva Humanidad, La Correspondencia de España y Los Lunes de El Imparcial. Es en 1921 cuando entra a trabajar en la redacción de La Acción en 1921; un año después lo haría en la revista Buen Humor, uno de los referentes del nuevo humorismo literario español. Pero en 1923 decide abandonar el periodismo —salvo colaboraciones puntuales— para dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, publicando las novelas cortas El hombre a quien amó Alejandra y El infierno. Tres años después inicia su relación sentimental con Josefina Peñalver, madre separada con la que convivirá poco más de un año, y de cuya unión nacerá su primera hija: Evangelina. Sin embargo, su situación económica comienza a ser preocupante, por lo que deciden separarse amistosamente. Esta necesidad de dinero le lleva a escribir Una noche de primavera sin sueño, que acabaría estrenando el 28 de mayo de 1927 en el Teatro Lara de Madrid. La obra es todo un éxito y supone la primera comedia en la que ya se puede intuir su forma de entender el teatro. Será a finales de la década cuando conozca a José Ruiz-Castillo, editor de Biblioteca Nueva, que empujará a Jardiel a escribir sus cuatro novelas humorísticas: Amor se escribe sin hache (1929), una crítica a las novelas románticas; ¡Espérame en Siberia, vida mía! (1930), Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? (1931) y La tournée de Dios (1932). Al tiempo, seguirá adentrándose en el teatro, con comedias de éxito desigual: El cadáver del señor García, por ejemplo, es un estrepitoso fracaso, mientras que Margarita, Armando y su padre es recibida con cierta expectación. La crítica, no obstante, lo vapulea hasta el punto de pedirle que abandone el teatro y se centre en la narrativa. Tal vez por ello, publica en Biblioteca Nueva en 1933, Tres comedias y un solo ensayo, libro en el que aparecen sus estrenos teatrales —“Si escribir comedias es realmente un placer y si estrenarlas significa un goce, publicar tomos de comedias ya estrenadas constituye, sin duda, una voluptuosidad”, llegará a decir— y un ensayo en el que analiza de forma muy crítica la situación del teatro de la época, subrayando su oposición al teatro sentimental y costumbrista que se estaba realizando. Poco a poco irá estrenando con éxito (Usted tiene ojos de mujer fatal o Angelina o el honor de un brigadier) y viajará a a Hollywood para trabajar en la versión en castellano de algunas películas de la Fox. En 1934 conoce a la actriz Carmen Sánchez Labajos, con la que tendrá a su segunda hija: Mari-Luz. Y seguirá escribiendo comedias de títulos absolutamente hilarantes tan propios de Jardiel: Un adulterio decente, Las cinco advertencias de Satanás y Cuatro corazones con freno y marcha atrás (inicialmente titulada Morirse es un error). El comienzo de la Guerra Civil truncará su progresión creativa: será detenido por haber dado cobijo en su casa al ex ministro de la República Rafael Salazar Alonso, y pese a que es puesto en libertad, acabará huyendo a Francia y posteriormente a Argentina, donde trabajará como guionista de cine y radio. Volverá a España en 1938 y se instalará en San Sebastián hasta el final de la guerra. Ya en 1939, y de nuevo en Madrid, se vuelca en el teatro donde estrena entre otras la opereta Carlo Monte en Monte Carlo y las comedias Un marido de ida y vuelta, Eloísa está debajo de un almendro —quizás su obra maestra—, El amor sólo dura 2.000 metros, Los ladrones somos gente honrada, Madre (el drama padre), Es peligroso asomarse al exterior o Los habitantes de la casa deshabitada. Una incidentada gira por Hispanoamérica, el consiguiente fracaso económico y el fallecimiento de su padre, que le sumió en una crisis personal, fueron el inicio de su decadencia. En 1946 su obra Agua, aceite y gasolina supone un fracaso absoluto. Se le diagnostica un cáncer de laringe, sufre un desengaño amoroso, el estreno de sus obras comienza a distanciarse en el tiempo, y finalmente en 1949 el nuevo fracaso de Los tigres escondidos en la alcoba le lleva a la ruina. Apenas le quedarán dos años de vida. Artículo aparecido en el suplemento Pérgola del mes de octubre.
Powered by !JoomlaComment 3.26
3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."
|


