|
Revista -
Colaboraciones
|
|
Escrito por Beatriz Celaya
|
|
Jueves, 27 de Octubre de 2011 21:43 |
|
Jack Nicholson, al ser preguntado en un juicio por qué un hombre de su situación necesitaba pagar para conseguir favores sexuales, contestó: “No les pago para que vengan, pago para que se vayan”. Al parecer, sus declaraciones suscitaron mucho revuelo en la sala como si este razonamiento solo pudiera salir de la boca de un actor insufrible y pedante.
Pero no nos escandalicemos, los y las que no somos Jack, nos pasamos la vida pagando para que se vayan. Pagamos para que se vaya el mendigo, que no para de ponernos la mano debajo de nuestras narices; pagamos al niño incordio, que pide insistentemente para chucherías; pagamos trámites al ex novio para que se largue más rápido, firmamos despidos improcedentes para quitarnos de encima al trabajador y que no se queje. En definitiva: pagamos por nuestra libertad.
Ahora que el comunicado de ETA está tan candente y tiene tantas lecturas, decir que habrá que pagar para que se vayan, suena inmoral, y quizá lo sea dicho así a modo de consigna, y sin embargo, si nos atrevemos a desnudar las palabras de la moralina incrustada, me pregunto si no llevamos ya pagando para que se vayan desde el primer momento en que aparecieron.
|