| La mirada irónica de Luisa Etxenike |
| Entrevistas - General | ||||||||
| Escrito por Alex Oviedo | ||||||||
| Martes, 24 de Enero de 2012 07:20 | ||||||||
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El detective de sonidos es, sin duda, una novela distinta, con elementos nuevos a los que Etxenike manejaba en otras de sus obras. Y con registros totalmente diferentes a El ángulo ciego, novela que le permitió alzarse con el Premio Euskadi de Literatura hace ya dos años. “Quizás para mí lo más revolucionario de esta novela sea el humor, no un humor de inmediata risa, pero sí creo que su estructura gira en torno a la ironía”. Esta es quizás la diferencia más palpable de una historia con aspectos que, sin embargo, la equipararán con sus obras anteriores. “Porque la novela no está exenta de esos problemas, oscuridades o violencias que siempre me han interesado; pero me parece que tiene un punto luminoso”. El argumento parte de un anuncio, ‘Se hacen biografías sonoras’, con el que un joven quiere aprovechar todas las descargas musicales que posee para hacer algo de dinero. Al anuncio responden dos clientes, cuyas peticiones poco tienen que ver con lo que el joven imaginaba. A partir de estos tres personajes, Etxenike compone una historia en la que lo importante no son tanto las presencias como las ausencias. “A veces lo invisible, o aquello que no está inmediatamente presente, es lo que da sentido a las cosas. Mi novela está construida sobre presencias muy evidentes, sobre palabras dichas, pero es un libro sobre las ausencias, sobre los silencios. Podemos decir que la historia parodia la novela negra, y que está construida en el gesto, en el movimiento y en la oralidad”. En ese sentido imita la estructura de una novela de género, con un detective que deambula por una pequeña ciudad, en una acción que dura sólo dos días, “que es lo que suelen durar las investigaciones de detectives cuando funcionan”, apunta con una sonrisa; con un ritmo y una movilidad “que está ausente en otros de mis libros”, pero con idéntica economía del lenguaje. Una novela moderna con la que la escritora buscaba reflexionar sobre la relación de la gente joven con los sonidos, “esa especie de frenesí que les lleva a estar escuchando música todo el tiempo”. Etxenike sabía que quería escribir una historia de detectives a su manera, “con una intriga particular, no al uso”, ambientada en el País Vasco pero sin que se notase, “salvo en pequeñas referencias lingüísticas”, y en la que hablase por un lado “sobre blogs, las nuevas tecnologías, la manera de comunicarse, la rapidez, y por otro esas cosas que siempre nos importan y que tienen que ver mucho con la transmisión generacional”. Porque en la obra coexisten un joven, una persona de mediana edad y una anciana, y entre ellos se teje una red que permitirá al primero crecer e ir madurando. “Por eso creo que es una novela contemporánea, porque réune las preocupaciones eternas de la humanidad”, recalca la autora.
¿Cuándo se decidió a ser escritora? Siempre he querido escribir. Tanto que cuando aprendí a hacerlo, copiaba los libros de la biblioteca de mis padres. Y el hecho físico de escribir, me gustaba. Y voy a contar algo que en público no he contado jamás: siendo adolescente tenía tal preocupación de que cualquier día un problema me impidiera escribir que aprendí a hacerlo con la mano izquierda, y lo hago —no bien, naturalmente—, pero he desarrollado cierta habilidad. La escritura me ha acompañado siempre, lo que no quiere decir que el pensamiento de profesionalizarlo venga de tan atrás. Creo que para esto se necesita una cierta madurez, de lecturas, de tener claro lo que uno quiere hacer, y en mi caso eso no surge hasta finales de los ochenta cuando empiezo a escribir Silverio Girón, y cuando tengo ya una cierta definición de la voz que quiero para mis libros. ¿Un lugar concreto para escribir? Escribo en cualquier parte, tengo facilidad para hacerlo incluso rodeada de gente. Sí me estoy dando cuenta, y quizás sea un problema de la edad o de cómo la madurez va determinando el ritmo del día, que escribo muy bien de madrugada, a primera hora de la mañana. Más que un lugar es una cuestión de un tiempo. Sabes que soy aficionada a los pájaros, y los pájaros cantan sobre todo a la mañana o al atardecer, que es cuando hay menos contaminación sonora, para que sus sonidos suenen con mayor posibilidad de éxito. Creo que esas horas tranquilas de la mañana me dan buenos resultados porque la contaminación de la vida está menos presente. ¿Lectura o escritura? No hay una sin la otra, pero naturalmente soy mucho más lectora que escritora, porque la lectura me ocupa todos los días y muchas horas; leo siempre. La lectura puede estar más cerca de mi intimidad intelectual, y la escritura implica también al terreno de lo emocional. ¿Un escritor que le haya marcado? Empecé a leer muy joven, pero como escritora me marcó la lectura de Juan Rulfo; posteriormente la de Marguerite Duras. Todo el mundo conoce mi debilidad por Tiempo de silencio de Martín Santos, cuya lectura e ideas sobre la novela me hicieron reflexionar. Tengo tendencia a preferir los autores de formas, y en ese sentido aquéllos que han elaborado su propia teoría de la novela o el relato. Por eso no puedo dejar de mencionar a Flaubert: en el final de El detective de sonidos aparece que se empezó a imprimir el mismo día que comenzó a escribirse Madame Bovary. Me parece una idea excelente de la editorial de hacer esas referencias. Pero podría citar muchos más. Pero he citado estos porque su lectura me permitió ir elaborando mi propio estilo, y en el caso de Flaubert, porque podríamos decir que es primer formalista que de algún modo, en la novela moderna, tiene ya esas preocupaciones por el estilo, por la construcción, por la arquitectura o el punto de vista.
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Luisa Etxenike nos recibe en su casa, a pocas horas de la presentación pública de El detective de sonidos, título con el que Libros de pizarra comienza su andadura. La escritora donostiarra lo tiene claro: “Me parece que estos tiempos de crisis son oportunidades para hacer cosas nuevas, en una época además en la que las nuevas tecnologías han hecho que cambie la forma de entender la lectura, la distribución y la llegada de los libros a la gente”, dice para subrayar su apuesta por este nuevo proyecto editorial. “Me resulta fascinante la idea de que en un mundo apasionantemente tecnologizado, se dé un cuidado podríamos decir clásico de los libros”.
