|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Lunes, 08 de Septiembre de 2008 19:39 |
El Área de Cultura y Educación del Ayuntamiento de Bilbao ha hecho pública la convocatoria de la X edición del Premio de Ensayo Miguel de Unamuno, un galardón anual que se otorga desde el año 1999. Jon Sudupe —por Hizkuntza ados jartzeko da— junto a la pareja formada por Pere Ballart y Jordi Juliá —con Sobre islas y penínsulas. Ensayos de teoría de la literatura y literatura comparada— fueron los ganadores de la última edición de un premio instituido en memoria del ensayista y escritor bilbaíno. En esta edición se incrementaron considerablemente el número de trabajos presentados, un total de 29 ensayos (dos en la modalidad de euskera y 27 en la de castellano), frente a los nueve trabajos que optaron al premio en 2007.
El galardón está dotado con un primer premio de 7.000 euros en cada una de las dos modalidades, y abierto a ensayistas de cualquier nacionalidad que presenten sus obras en cualquiera de las dos lenguas oficiales de la Comunidad Autónoma Vasca. Las obras a concurso, de tema libre, deberán ser inéditas, no premiadas con anterioridad y con una extensión mínima de 100 folios. El plazo de recepción de originales concluye el 28 de noviembre de 2008. Las bases del concurso podrán consultarse en la web municipal.
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Lunes, 08 de Septiembre de 2008 17:14 |
|
Nuevamente Leyre me ha metido en canción para que me acercara a Bloc21 y a su propuesta de 'Librero Creativo'. No tiene desperdicio. O cómo separar los libros que leíste de los que no.
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Lunes, 08 de Septiembre de 2008 11:44 |
|
Lo ha mantenido en secreto, calladito como un cuis, pero Sergio Arrieta abrió finalmente su primer blog en el que por el momento nos muestra una sinopsis y las primeras páginas de su novela La muerte alucinante de Lautréamont. Esperamos que no sólo se quede en eso y dé rienda suelta a su desparpajo creativo para brindarnos buenos momentos literarios.
|
|
Escrito por Beatriz Celaya
|
|
Lunes, 08 de Septiembre de 2008 00:06 |
|
Todo comenzó en el aeropuerto de Bruselas cuando sonó por los altavoces el nombre de mi hijo seguido del esperado “please attend to gate number twenty two”. En esa ocasión mi hijo y yo nos miramos y salimos corriendo hacia la puerta de embarque. Sumidos en la adversidad de casi perder el vuelo ni siquiera reparamos en el hecho de que los altavoces vociferaban su nombre y no el mío. Nada más llegar a nuestro destino, Nueva York, llamé a una amiga de la infancia y hablamos emocionadas de volver a encontrarnos después de veinte años sin habernos visto. Tras la conversación le dejé el número de teléfono del hotel donde me hospedaba, pero con la emoción del reencuentro saltamos de un tema a otro y olvidé darle mi número de habitación. Durante los días que pasé en la ciudad no recibí ninguna llamada suya, y me fui de Nueva York rumbo a Washington con la extraña sensación de que algo le había pasado. Una vez allí, llamé a otra amiga de la infancia a quien, tras una emotiva charla, di también el número de teléfono del hotel y el de mi habitación, aunque colgué con la inquietud de saber si conseguiríamos encontrarnos. El día fijado para vernos mi amiga tampoco llamó, y cuando ya empezaba a descorazonarme sonó el teléfono. Era el recepcionista del hotel preguntándome si en mi habitación se hospedaba una mujer llamada Beatriz Celaya. Bajé a recepción y allí encontré a mi amiga, quien había llamado a la hora convenida, aunque al haber olvidado el número de mi habitación y preguntado por mí había obtenido por respuesta que yo no me hospedaba en ese hotel. Mi amiga de Washington había sido más obstinada que la de Nueva York y se había presentado allí exigiendo que me buscaran por las habitaciones en las que se hospedaban turistas españoles. Así fue como dieron conmigo y cómo yo descubrí que al viajar por el mundo acompañadas de un hombre (en este caso, de un hombrecito) las mujeres perdemos nuestra identidad y pasamos a ser la señora del apellido de tu acompañante. Un hecho absurdo cuya incoherencia se agigantaba teniendo en cuenta que el hombre con el que yo viajaba era, además de mi hijo, un niño, y ni siquiera la tarjeta Visa a mi nombre con la que yo me registraba y pagaba cada hotel y cada avión me otorgaba un mínimo de identidad. Todo quedó entonces aclarado, la ausencia de llamadas de mi amiga de Nueva York, los altavoces de Bélgica gritando el nombre de mi hijo… Todo. Excepto la pregunta que mi hijo me sigue haciendo a la vuelta de nuestro viaje: “¿Por qué al ser hombre soy más importante que tú?” Yo no sé qué decir. Y vosotros, ¿conocéis la respuesta?
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Domingo, 07 de Septiembre de 2008 10:32 |
|
Olvidémonos de Jane Austen, Virginia Woolf, las hermanas Brontë o demás hermanitas de la caridad. La literatura femenina que se lleva es transgresora. O al menos eso dicen varios suplementos culturales y revistas de las que se denominan de tendencias. Ya no interesa la vida de Sor María de la Cruz sino la de mujeres con hisotiras más parecidas a Mary Jane Kelly. Sexo a espuertas y sin ningún tipo de cortapisa, descenso a los infiernos (de las drogas o de la propia mente), personajes masculinos colocados en su sitio (o donde se merecen tras años de dominación machista). Y otra forma de entender una Literatura que sigue estando en manos de los hombres. Por el momento apuntamos algunos títulos que sirven de revelación de lo que se está moviendo en el mercado editorial. Es el caso, por ejemplo, de Sexografías (Ed. Melusina), novela de Gabriela Wiener, en la que la autora peruana nos sumerge en el sexo desde una perspectiva femenina y real. Una especie de Nuevo Periodismo en el que la escritora es capaz de ejercer de prostituta, de mujer sumisa o de madre amantísima. Y con todo lujo de detalles. En esta línea se encuentra también Virginie Despentes en Teoría King Kong (Ed. Melusina), una especie de ensayo que fluye entre la autobiografía y la denuncia social en el que describe su primer polvo, los días en que ejerció de puta o la violación que sufrió tras hacer autostop. Narrativa con forma de puño americano de esta autora francesa que dice escribir "para las feas, las camioneras, las mal folladas". Toda una declaración de principios que ya quedaba patente en su primera novela, llevada posteriormente al cine: Fóllame (Mondadori). Desde Estados Unidos llega Lydia Lunch, cantante, poeta, actriz, y posteriormente novelista gracias a la publicación de Paradoxia: diario de una depredadora (Melusina, todo un catálogo de posturas sexuales y adicciones de una autora de la que han dicho que está emparentada en estilo con Charles Bukowski o que escribe de una forma más brutal y seca que un hombre. Son estos tres ejemplos de un nuevo tipo de escritoras con argumentos surgidos de lo más profundo de las calles y del ser humano que de haber sido escritos por hombres no hubiera supuesto ningún tipo de novedad; pero que al tener tras de sí la firma de una mujer se han convertido en la alternativa de lo que unos llaman literatura femenina y otros, simplemente, literatura.
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Sábado, 06 de Septiembre de 2008 12:43 |
|
Se dice, se rumorea, se comenta que las editoriales comienzan a no tener tan claro el valor de las presentaciones de sus títulos, dada la ingente cantidad de los mismos que les llegan semanalmente a los periodistas del ramo. Adiós al cara a cara del escritor y el plumilla, o a las ruedas de prensa de monólogos y silencios funerarios. Las grandes editoriales han dedido fabricar con algunos autores seleccionados sus propios circuitos culturales. De ésos a los que están acostumbradas las grandes compañías farmacéuticas cuando quieren vender su próximo lanzamiento de tratamientos contra la amigdalitis: se coge a un montón de médicos y se les lleva a Cancún una semana para hablar de las propiedades del producto. Gastos pagados y demás parafernalia, un par de conferencias sobre cardiopatía y todos a alabar la gran labor científica de la firma Honestik Drugs. Y todo por el bien de la medicina, como es obvio. Emulando a los galenos, algunas editoriales han buscado echarle imaginación a lo de presentar su próxima apuesta del año, del mes o de la semana. Hace unos meses Planeta invitó a una serie de periodistas a un viaje a Roma a recorrer calles, puentes, restaurantes y esas cosas en los que se desarrolla la novela Perdona si te llamo amor, de Federico Moccia. Un viaje de dos días del que aún falta por saber si tuvo el consiguiente beneficio editorial pero en el que los periodistas se sintieron protagonistas. Ocurrió también allá por el mes de julio con el lanzamiento de La diamantista (Ediciones B), de Pilar de Arístegui, cuya presentación se transformó en un circuito por Toledo en el que los periodistas pudieron conocer de primera mano los escenarios que habían inspirado su novela. Parecida fue la presentación del último libro de Carlos Ruiz Zafón, El juego del ángel, en la que se invitaba a los medios a viajar de gañote a Barcelona para descubir las esencias del Cementerio de los LIbros Olvidados. Puede que este sistema aún no esté del todo desarrollado y, como es evidente, sólo afecte a los grandes grupos editoriales (a ver qué editor independiente puede hacer frente a estos gastos de promoción); lo que no sé es si en estas nuevas técnicas de marketing se habla en alguna ocasión de la calidad del libro.
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Jueves, 04 de Septiembre de 2008 18:55 |
|
Libreros y expositores del País Vasco, Navarra, León, Málaga, Valencia y Perú participan en la XXIII edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que abrirá mañana sus puertas y permanecerá en San Sebastián hasta el día 21. Un total de 43 expositores ofrecerán libros de ocasión, ejemplares de más de cien años y otros artículos antiguos como fotografías, pergaminos, postales, discos y carteles, en horario de 11 a 14 horas y de 17 a 21 horas (hasta las 21:30 los festivos).
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Jueves, 04 de Septiembre de 2008 12:58 |
|
No sé si será una coincidencia propiciada por el azar o que me haya levantado especialmente cultureta. Pero lo cierto es que esta mañana he leído dos artículos que dan vueltas de alguna manera al mismo concepto: ¿es el arte capaz de mejorar la realidad o hacernos mejores? El primero de los casos viene de la mano del Paul Auster y de la publicación de Un hombre en la oscuridad (Anagrama). En otro de esos juegos bipolares, que dicen los entendidos, Auster ahonda en algunas de sus obsesiones literarias, entre ellas la creación de un mundo mental que acaba haciéndose realidad, un entorno simulado que es real pero no verdadero. Quizás porque Auster, ya desde joven, concibió la idea de que "el mundo está en mi cabeza, mi cuerpo está en el mundo", y ya desde entonces se sumergió en la creación artística convencido de que el arte sirve de alguna forma para mejorar la realidad, para hacerla mejor. Una mejora sobre la que también se pregunta Luisgé Martín en un artículo aparecido en el pasado 'Babelia' de título esclarecedor: ¿Leer sirve para algo bueno?. El autor madrileño recuerda algunas sentencias surgidas a partir de esta pregunta. Hace unos años el Ministerio de Cultura organizaba una campaña publicitaria bajo el eslogan de "Leer nos hace libres", o se aseguraban cosas como la de que los extremismos de cualquier tipo de curan viajando y leyendo. No queda claro, sin embargo, el hecho de que emocionarse por un pasaje literario, un cuadro o una secuencia cinematográfica vaya a agrandar nuestro corazón. Por ello Martín duda de que la lectura, o el arte, tengan una utilidad ética. Desde luego sí sensorial o práctica, pero seguro que hay ejemplos de personajes históricos capaces de emocionarse ante un movimiento de Wagner mientras enviaban a miles de personas a las cámaras de gas. Y todo ello sin inmutarse. El propio escritor señala que "en el sector editorial y en el mundo literario se encuentra la mayor concentración de individuos biliosos, marrulleros, hipócritas, envanecidos, desequilibrados y tortuosos que conozco. Incluyéndome, por supuesto, a mí mismo". Una frase que suscribo y que dice muy poco de quienes nos la damos de lectores y personas con cierta dosis de cultura.
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Jueves, 04 de Septiembre de 2008 07:30 |
|
Puede que fuera por ser agosto, pero nadie acertó el título de la novela cuyo primer párrafo os ofrecíamos a mediados de mes. Se trataba de Esteparios (Hiria) de Oscar Alonso. Apuntamos ahora otro inicio, a ver si... "Una niña, calzada con botas de goma, correteaba por la avenida del Lago mientras sus padres, su hermano y su abuela paseaban, aspirando hondamente el frescor, ya primaveral, de los pinos que bordeaban el camino en la pequeña ladera que descendía hacia el lago. Como tantas familias donostiarras, habían aprovechado sus días festivos, cuando en el Sur de Francia no lo eran, para hacer sus compras, aunque todo lo que encontraban fuera más caro que en las tiendas próximas a su casa. Era el espejismo del consumo: compre ahora y piense luego, que el susto llegaría cuando el extracto de la tarjeta de crédito les revelara que el franco seguía siendo una moneda fuerte ante la peseta".
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Miércoles, 03 de Septiembre de 2008 00:22 |
|
Leo en La Vanguardia una entrevista al historiador de las ideas (tal como suena) Peter Watson, autor de Historia intelectual del siglo XX (Editorial Crítica). Y admito que desde el principio capta mi atención este hombre de 62 años con rostro de no haber levantado la voz a nadie o de conformarse con madrugar cada mañana para dedicarse a pensar. Porque el título nos encamina hacia dónde van a ir los tiros: "Sólo quien es culto tiene auténtica vida privada", señala, y por un momento creo verle dibujar una sonrisa en su cara. Una de esas muecas cómplices que se les quedan a veces a los entrevistados. La misma sonrisa que le lleva a arremeter contra la sociedad de hoy, esa que se construye delante de un televisor, o contra las elites cuyo único objetivo consiste en perpetuarse. O que critique el sistema educativo ("Los profesores de hoy son evaluados por aburridos o divertidos") o el periodismo ("Los periodistas serios fueros suplantados por payasos"). Puede que la palma de sus críticas se la lleve esa televisión hecha exclusivamente para entretener, que no exige ningún esfuerzo, en la que los programas se olvidan según se van viendo. Tan banal que nos hemos acostumbrado a tenerla encendida pese a que no nos sugiera nada. Vacía como cada canal que compramos en teletienda. Un espectáculo continuo que, como apunta Watson, "nos vuelve frívolos, superficiales, conformados, dominables con unas cuantas gracias al día". El propio historiador se pregunta por qué existiendo tecnologías para sustituir al petróleo o a las energías fósiles no se ha apostado profundamente por ellas. Una respuesta evidente: para mantener el statu quo. Y pone como ejemplo a los griegos: por qué ellos, que ya conocían la máquina de vapor, no utilizaban esa fuerza para mover máquinas. Porque ya tenían esclavos que les hacían el trabajo. ¿Para qué innovar entonces? Todas estas reflexiones llevan a Watson a decir que en el mundo de hoy cada vez existe menos esfuerzo intelectual, que vivimos en una época muy poco creativa cuyos logros (internet, genética) son escasos en comparación con los de siglos precedentes (el motor, teléfono, radio, el avión, los ismos...). Incluso si me apuran, la falta de una buena educación hace que cada vez existan menos personas cultas capaces de elegir lo que quieren leer, escuchar, ver, que puedan escoger sin seguir lo que les marcan los demás. Y que sepan disfrutar de su vida privada, de su vida en soledad, de sí mismos como personas.
|
|
Escrito por Alex Oviedo
|
|
Martes, 02 de Septiembre de 2008 17:08 |
|
Algunos datos facilitados por el Ayuntamiento de Getxo respecto a la vigésimo cuarta edición de lo que han dado en llamar las Terrazas de las Letras, o lo que es lo mismo, las actividades de ocio organizadas en la localidad vizcaína para sacar los libros a la calle durante las vacaciones de verano. Entre el 1 de julio y el 29 de agosto, más de 33.000 personas visitaron las tres bibliotecas callejeras situadas en las plazas Estación de Las Arenas, Estación de Algorta y Sarri de Andra Mari, frente a las 31.200 del pasado año. Además se han felicitado por el éxito de las iniciativas dirigidas al público infantil, "Juegos de antaño" y "Juegos de cooperación", así como los talleres de manualidades y animación a la lectura. Con ellas el Aula de Cultura de Getxo quiere impulsar cada año la lectura y convertirse en un punto lúdico para disfrute de los más pequeños (de hecho han contabilizado la participación de 20.000 niños en dichas actividades). En esta edición se seleccionó un fondo de 2.500 libros en euskera y castellano. Se realizaron 13.500 préstamos de libros a domicilio, de los cuales más de 5.000 correspondieron a ejemplares en euskera (un 15 % con respecto al pasado año).
|
|
Escrito por Mikel Alvira
|
|
Martes, 02 de Septiembre de 2008 07:18 |
|
Hoy he ido a una gran superficie, perdóneseme la torpeza. Yo, que no acostumbro, que me he habituado a mis tenderos de barrio, que apenas las piso y por no hacer no hago ni maldecirlas, he ido a una de ellas. Quería comprar cajas de tela para guardar ropa, permítaseme lo prosaico.
La cosa es que me he encontrado con el aluvión de padres histéricos y madres neuróticas preparando la vuelta al cole. La vuelta al infierno, diría yo. Niños fiscalizando el presupuesto de septiembre, exigiendo tal o cual marca de cuaderno (los de High School Music son una cucada, oigan), madres lista en mano, padres sin saber cuál de los doce tipos de tijera es la adecuada para tercero de primaria, familias al pleno llenando el carro con materiales fungibles. Concédaseme la exageración. Lo peor de todo, filas eternas para recoger los libros de texto. Unos libros de texto rehechos por las editoriales cada curso con el consentimiento de las Administraciones para aquello de que los del año pasado no sirvan. Libros de texto rehechos por las Administraciones con el coleguismo de las editoriales para aquello de que sigan sin servir. Otórgueseme el derecho al pataleo. Libros ñoños, caros y en los que se prima el colorín al contenido. Por cada libro de texto, metro y medio de forro, etiquetas para el nombre, “Dimos” como artículos de lujo, rollo de cello, borracheras de merchandising. Autoríceseme la generalización. ¿Y todo ello con la excusa del sistema educativo? Pues estamos apañados. Pobres de las familias. Pobres de los profes, víctimas también de los cambios curso a curso. Pobres de los alumnos, en hipnosis permanente. Pobre del futuro, si es este sistema el mejor que hemos sabido inventar. Démese el pésame.
|
|
Escrito por Leyre Delgado
|
|
Lunes, 01 de Septiembre de 2008 14:42 |
|
La foto procede del blog de diseño gráfico Roc.21
|
|
Escrito por Mikel Alvira
|
|
Lunes, 01 de Septiembre de 2008 07:30 |
|
Este hotel no está mal; al menos, presume de wifi y, aunque no tiene vistas, la calle parece más tranquila. Apunto su nombre en mi libreta: uno más a la espalda del verano. Oporto sabe a rancio, como Lisboa. Aquí, eso sí, hay galerías de arte que harían entrar en éxtasis a la mismísima Cervera. Igual acabo encadenado a alguno de los plataneros de la plaza. O levitando. Veo una, dos, tres, cuatro galerías. Hasta once. Durante dos días, cambio gozoso la literatura por la pintura, por la escultura, por el grabado, por la instalación, por las vanguardias (“no, señor, esto no es vanguardia, esto es el cubo de la señora de la limpieza”). Vuelvo a mis letras. Escribo como loco. Escribo antes de mi desayuno, después de mi desayuno; antes de mi almuerzo, después de mi almuerzo; antes de mi comida, que aquí en Portugal es la cena, después de mi comida, que aquí en Portugal es casi la hora de la merienda en España. Una misma península y menudo desfase gastronómico. Aburrido del hotel, cambio de paisaje. Me encana la vieja Lusitania.Y comienzo a conocer gente —un verano da para ello— y, de su mano, novelistas lusos, editores, poetas urbanos y poetas del papel, un novelista que flipa cuando le digo que allí la gente se coedita… ¿Coeditar? ¿Autoeditar? Se echa las manos a la cabeza, me dice que a ver qué mierda de negocio editorial es, que a ver si eso tiene algo que ver con la Literatura, que qué manera de sacar los cuartos. El poeta urbano, por su parte, me convence de que ser escritor no es sinónimo de tener currículo vital porque a él lo del currículo no le aporta nada como creador. Trago saliva. Los editores, gente cercana que perdieron la gola en el XVII, se leen los manuscritos y apuestan por los escritores. Una misma península y menudo desfase editorial. Hay más librerías que bares. O empate. Entro en muchas desde Coimbra hasta Lagos; en muchísimas. Me cuentan cuáles son las novedades. Me dan direcciones (¡domicilios!) de escritores con quienes contacto, hablo, como-ceno, aprendo. Me dicen que pasan de los best-sellers y que ellos, los libreros, lo son por los libros en toda su extensión (de la primera a la última página) y no por el título del volumen. Una misma península y menudo lo que anoto en mi libreta. Cuando llegue a casa, ordenaré ideas y rumbo artístico. Me encanta la vieja Lusitania. Y la Hispania, por qué no. En definitiva, en ella pazo.
|
|
|