|
Revista -
Colaboraciones
|
|
Escrito por Beatriz Celaya
|
|
Miércoles, 08 de Octubre de 2008 00:42 |
|
Yo, como dice Eva Cassidy en una de sus canciones, ”no suelo romper mis promesas, sólo alguna que otra”, y éste va a ser uno de esos casos de promesas rotas. Para todos aquellos expatriados que esperaban ansiosos mi crónica sobre la charla de literatura expatriada, lo siento, pero no podré hacerla. No fui. La causa: que el día anterior me caí de un bordillo. Una caída nada glamurosa, por otra parte, pero con un resultado catastrófico: me he hecho un esguince. De entrada, negué la evidencia y me levanté con la ayuda de un taxista (gracias desde aquí) y seguí andando, y mientras andaba cojeando tal y como cuentan los que han visto de cerca la muerte, vi pasar toda mi vida por delante; vi a mi perro, que acostumbra a pasear cuatro horas al día, y vi a mi hijo, a quien le aburre pasearlo; vi todos esos recados y compromisos de trabajo que todos tenemos durante la semana, y también os vi a vosotros, los expatriados pendientes de la crónica. Y supe que no podría hacerme cargo de nada de esto tumbada como iba a tener que estar, al menos, durante una semana. Y por eso hoy cambio de crónica y os cuento todo esto por si alguna otra persona fue y puede contárosla. Y así, de paso, me entero yo también.
|