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La Fundación Padre Arrupe organizó ayer en Madrid un recital benéfico en el que la orquesta alemana Europa Philharmonie Magdeburg interpretaba algunas de las mejores bandas sonoras de los últimos tiempos: Lo que el viento se llevó, Memorias de África, Titanic… Y todo bajo la dirección de Inma Shara, primera mujer en tocar en el Vaticano y una de las batutas más prometedoras de los últimos años. El dinero recaudado irá al Fondo de Becas de la Fundación, que costea la escolarización de gran parte de los 1.600 niños del Colegio Español Padre Arrupe de El Salvador. La directora alavesa compartió unas palabras sobre música y su papel al frente de la orquesta.
¿Un concierto con obras para todos los paladares? En efecto, es música activa que se identifica con algún momento de nuestras vidas. Porque quién no ha llorado con La lista de Schindler o Desayuno con diamantes. Y no es muy habitual dirigir a una orquesta que interprete temas sólo de películas.¿Qué le aporta la música clásica? Siempre he defendido la necesidad de erradicar el concepto de elitismo que va unido a ella. Creo que es apta para todo el mundo. Muchas veces nos atrevemos a ir a un buen restaurante a degustar un buen plato; pues la música clásica es igual. No se trata de decir “es que no la entiendo”. La música clásica enamora, da paz interior. Es pura pasión. ¿Ha comentado alguna vez que lo que hace falta en España es educación musical? Asistimos a una explosión de audiotorios que son la envidia en Europa; pero creo que debería darse mayor cabida a la educación musical. ¿A partir de qué edad? Desde la infancia. La música clásica fomenta la capacidad de sacrificio, ayuda a un niño a expresarse en público, genera ilusiones, ambientes armónicos que le servirán para desarrollar su capacidad memorística. Es decir, toda una serie de valores muy importantes para que el niño genere una actitud positiva ante la vida. Se debería priorizar la música en la educación, y no sólo como asignatura secundaria. Gustavo Dudamel ha logrado ser el rostro del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, en el que música se convierte en una herramienta para rescatar a los más jóvenes de ambientes marginales… Es cierto. Se está haciendo en Sudamérica y se le ha concedido el Príncipe de Asturias de las Artes. Pero es por lo que te digo: la música genera ilusiones, fomenta la cratividad, forja a la gente su propia personalidad. Ayuda a integrarse dentro de un colectivo en una sociedad que sigue potenciando el individualismo, contrariamente a la generosidad de la música, la ilusión del equipo. ¿Le sorprende la poca presencia juvenil en los conciertos? Pero porque falta esa identidad de los niños con la música. Y eso está en la propia educación. En muchos países europeos hay una admiración y respeto por la música, y la valoran como una herramienta indispensable. ¿Cuáles son los países en los que cree que se dedica más tiempo a esta educación? Sin duda los centroeuropeos: Austria, Alemania, Rusia... Pero también es cierto que en ellos hay cien años de tradición musical. En España esto lo hemos suplido, como te decía, creando grandes auditorios como el Euskalduna, el Kursaal… Vas a Guadalajara o Castellón y tienen unos auditorios maravillosos, pero falta el componente educativo para que seamos una sociedad musicalmente preparada. ¿Sigue llamando la atención que una mujer dirija la orquesta? No hay ningún país donde haya dirigido y no me hayan hecho esa pregunta. Quizás ser directora de orquesta siga siendo algo singular, pero mi máxima es pensar que la música es el lenguaje universal por excelencia, que está por encima de la raza, la política, el sexo… Es el lenguaje del corazón, de los sentimientos. Y ahí estamos todos. Que yo sea mujer es circunstancial. El talento se proyecta desde el interior e importa poco si se es hombre o mujer. No soy más que una herramienta para transmitir sentimientos al público a través de la música. Me interesa más la capacidad que tenga de transmitir esas emociones, porque creo que es la esencia de mi trabajo. ¿Que genero cierta expectación a las orquestas? Sin duda, pero son los primeros cinco segundos. Es muy importante la actitud que tomes ante la orquesta y el valor que tú le des al hecho de ser o no mujer. Pero yo a eso no le doy valor. ¿Una directora necesita ser muy estricta con los músicos para hacerse valer? En absoluto. Intento establecer puentes no sólo profesionales sino también afectivos. Estamos hablando de arte, de música. Si no se genera sensación de equipo o se reconoce los intereses como comunes, entonces la música no fluirá de manera natural.
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