| Sánchez-Ostiz recrea su viaje a Bolivia |
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| Escrito por Alex Oviedo | ||||||||
| Lunes, 23 de Febrero de 2009 16:01 | ||||||||
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El primer viaje a Bolivia lo hizo el escritor navarro hace ya cinco años, y supuso un "choque enorme", así como la frustración de no poder moverse prácticamente de La Paz por culpa de los bloqueos que precedieron a los gobiernos de Mesa y Morales. Fue una etapa muy conflictiva, que estuvo a punto de darle más de un susto. Esos inconvenientes junto a las "ganas de quitarse el miedo", llevaron a Sánchez-Ostiz a querer volver cuatro años después. Así fue. Un regreso que le hizo ver que las cosas no habían cambiado mucho, que seguía habiendo una gran crispación, incluso graves incidentes raciales de blancos contra indígenas que produjeron algún muerto. ¿Cree que toda aquella inestabilidad se debe a que el poder esté en manos de los indígenas? Y el indígena que se pudra. O esa frase que detesto, que me parece de las más ofensivas que conozco: “Indio de mierda”. Y por lo que apunta en el libro se oye mucho, tanto en broma como en serio… Y no sólo en Bolivia. Se empieza a oír en España o en Chile. Yo venía de Chile, donde la población no es la misma. La población boliviana blanca es muy blanca y la indígena es muy quechua o aimara. En Bolivia existe el miedo y la inquietud que podría haber en un país si las personas que tienen unos intereses sociales, económicos y políticos ven en peligro sus beneficios. En todos los países hay grandes partidarios de la economía de mercado, del neoliberalismo o del capitalismo como lo estamos viviendo ahora, sin miramientos, algo a lo bestia. Gente de ésta puede ver peligrar la fuente de sus ingresos. Hay una expresión que se oía mucho por allá: “Tumbar al indio”. No me gusta comparar su situación con la de otros países, pero desde luego no han existido las mismas conquistas sociales, sindicales o políticas que en Europa, por ejemplo; todo eso está por hacer, obtener ese bienestar generalizado que aquí tenemos. Pero es que por muchos movimientos sociales y políticos radicales que haya, los logros efectivos no están a la altura de los empeños. Hay una zona en las minas de Llallagua, con una precariedad enorme, incluso aunque ahora tengan Internet en todas las esquinas, más incluso que aquí. Y tienen incluso una Universidad Obrera, con un montón de licenciaturas, pero en qué condiciones, con qué dotaciones, no tiene nada que ver con lo que tenemos nosotros. Pero con una carretera de tierra, y a cuatro mil metros de altura. Hay que asomarse a la sanidad, ver cuál es su previsión, o que un medicamento a un boliviano le cuesta más que a nosotros. Eso no es justo. Y es que les queda mucho por hacer, pero no para lograr un bienestar comparable al nuestro, sino un bienestar suyo. ![]() Esta vez menos que la de hace cuatro años. Incluso entonces se veía mayor presencia norteamericana en la calle. Es cierto que las empresas norteamericanas están que bufan, pero allá se me dijo que uno de los motivos por los que Estados Unidos no intervenía —había un gran miedo desde la izquierda— es porque Morales había sido muy cuco y no les había tocado los intereses económicos. Las empresas que han sido nacionalizadas o intervenidas, que yo recuerde no hay ninguna de capital americano. El palo se lo han llevado otros. Y claro, mientras no te toquen el alma, es decir, el bolsillo, da igual que te llamen "Yanki de mierda". Lo que sí advertí, me lo contó un militante libertario sindicalista y nonagenairo llamado Liber Forti, es que se les trata con reparos; y luego ponía el acento en el narcotráfico. Es decir, qué pasa con el narcotráfico, que no es una preocupación sólo de la derecha sino también de la izquierda. Un dinero inmenso y muy peligroso si cae en manos armadas o que decidan la orientación política. Como ya pasó en Bolivia. ¿Cuando ve las noticias de lo que ocurre en Bolivia, siente que ese es el país que ha visitado? Siento que son noticias bastante tendenciosas y que nos dejamos llevar por el expresionismo. Esto ya lo decía el escritor mexicano Alfonso Reyes hace ya casi un siglo en un libro titulado Cartones de Madrid, de cómo nos llama la atención, al fotógrafo también, la imagen más impactante: la miseria, la sangre, y eso es lo que transmites. Y caramba, miseria hay, pero también otras cosas. Parece que lo noticiable de la realidad boliviana es que se matan o pueden matarse. Y me parece una cosa muy superficial y dañina para el país. Bolivia ha quedado siempre como un país al margen, metido dentro de sus fronteras. A fin de cuentas no tiene mar, que es uno de sus problemas. Se ha quedado como enquistado, pero tiene una historia muy rica que desconocemos, salpicada de rebeliones indígenas brutales. De la revolución de 1952, que es la más importante que hubo en Bolivia desde el punto de vista de conquistas sociales no sabemos nada; ni de cómo termina la riqueza minera en el año 85… ¿Se puede entender aquella realidad desde Europa?
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El escritor Miguel Sánchez-Ostiz se ha quitado la barba, ha adelgazado más de quince kilos, y lleva enfermo casi desde que regresó de Bolivia. Pero aun así se manifiesta contento de haber realizado un viaje a un país que le ha permitido no sólo publicar Cuaderno boliviano (Alberdania), sino también enfrascarse en una cultura totalmente distinta a la que está deseando volver. "Bolivia es de esos lugares que enganchan, aunque decir esto sea una tontería. Me pasó también con Bucarest, quizás porque en este caso es una ciudad de un descalabro que me enamora".