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Revista -
Colaboraciones
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Escrito por Alex Oviedo
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Miércoles, 21 de Julio de 2010 15:52 |
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El escritor mira al horizonte. Se ha sentado a una mesa y ha pedido un gintonic. Está en un bar con forma de jaima, junto a un cortijo situado en lo alto de una ladera, con un molino que le hace viajar a tiempos de Don Quijote si no fuera porque se halla a varios cientos de kilómetros de La Mancha. Sopla una ligera brisa que hace aletar las hojas de su libreta. Quiere escribir, pero también mirar. Una perra —le han puesto el nombre de una de las protagonistas de Friends así que deduce que es hembra— escarba en unos parterres, cerca de una plantación de almendros. "Que si vienes en enero nunca olvidarás", le dice la dueña del cortijo. Se escucha el viento pero también los acordes de Bohemian Rapsody, un hilo musical breve, apenas un murmullo. El escritor tiene en sus manos un libro publicado por una editorial palentina, un autor madrileño, quince relatos sobre la fugacidad y las limitaciones del tiempo. Una mosca —"insecto del diablo", se dice pensando que una de ellas apenas le dejó dormir esa noche— se empeña en recordarle que la naturaleza campa a sus anchas. Y que allí, él es el extraño. Unas hormigas hacen acopio de comida para el invierno, desfilando en una hilera negra casi perfecta. Un grupo de ellas se afana por llevarse un pedazo de cacahuete. "Cuánto tendríamos que aprender de ellas", piensa levantando la cabeza. Vuelve a mirar al horizonte de arcilla y cielo azul, salpicado por los muros encalados de las casas del pueblo más cercano. A lo lejos, en lo alto de una pequeña loma, se perfila la silueta de un cortijo en ruinas. Dicen que cerca de allí está el lugar que inspiró a Lorca para escribir Bodas de sangre. Tal vez mañana... Hoy la literatura sólo es un resquicio de esa ciudad del norte que otro escritor describió mejor que él.
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