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El escritor bilbaíno Willy Uribe resultó finalista del V Premio Tusquets de Novela con Cuadrante Las Planas, una reflexión onírica “casi lisérgica” sobre la violencia, sobre la forma que tenemos de ver las cosas, nuestra percepción de la realidad que nos rodea y las interpretaciones que hacen que nuestros actos nos persigan durante toda la vida. En el caso del protagonista, Sera Idókiliz Gandiaga, su delito es haber salvado la vida de un policía.
¿Qué es Cuadrante Las Planas? Euskadi. Es una interpretación de su territorio y de la gente que lo puebla. Suena un poco exótico, e incluso no suena a nada, pero es Euskadi, porque no sé hablar de otra cosa. Un cuadrante al final es un desierto. Los mayores desiertos son donde todo es igual y si le quitas los márgenes acaba siendo un laberinto, y no sabes si vas o si vienes porque una esquina es igual que la otra. Yo le he mandado al protagonista a un laberinto que interpreta de un modo, luego vuelve a ese laberinto y lo interpreta de otro modo. ¿Por qué? Porque en Euskadi hay diferentes interpretaciones de lo que vivimos. Al final lo que cuenta es el resultado, y yo intento que sea lo más concreto posible y donde no quepa lugar a dudas ni a diferentes interpretaciones. Pero en la novela nada es lo que parece… Sí, parece que se ven las cosas de una manera pero luego son de otra. Hay un nexo común que une los cuatro capítulos en los que se compone el texto que es la historia de la familia del protagonista, la relación con sus padres, sus problemas de identidad, porque los capítulos son inconexos y a veces incomprensibles precisamente porque se interpretan de otra manera y lo que pensabas que era de una forma ahora es de otra más tarde. Juego a la confusión pero dentro de un orden para no confundir al lector.
El recurso a la familia suele estar presente en tus novelas… Me gusta la idea de tratar los conflictos familiares. En este caso he recurrido al juego de los apellidos vasco-gallego. Soy gallego dice el protagonista. ¿Cómo que gallego si se apellida Idókiliz Gandiaga? Soy gallego nacido en Ferrol. Mi abuelo es gallego, mi tatarabuelo era vasco. Juego con la identidad, pero porque a mí la identidad me la pela y ha sido un tema que ha pesado y pesa mucho en Euskadi. Cuánto hemos jugado con el número de apellidos vascos que teníamos. Todavía hay ayuntamientos que pagan subvenciones para euskerizar el apellido… Una crítica a lo que se vive en Euskadi. Una crítica feroz. Hay un momento en el que el protagonista salva la vida a un policía, que en Euskadi es casi un pecado, y en Cuadrante Las Planas es el detonante para que desencadene todo. Un gesto humano es visto por los vecinos como un problema y casi le invitan a que se vaya para que no les jodan el portal, o le dicen cosas como “qué chungo, te han puesto en una diana”. Esa incomprensión ante el dolor, o el miedo, son situaciones que he querido retratar en la novela. En Euskadi ha habido miedo, incomprensión, silencios. No me da pena decir que somos una sociedad enferma. ¿Qué tiene la novela de intriga que tanto le pone a Willy Uribe? El hecho de que haya una intriga como narrador sirve para tirar hacia adelante. Ahora quiero sosegarme y mantener una intriga menor. Todas mis novelas son una huida, y en la huida no hay pausas. ¿De qué huye Willy Uribe? De Euskadi y de los vascos. Me considero un vasco en retaguardia. Este país está muy bien, vivimos muy bien, pero la verdad es que estamos un poco podridos. Cuando ves que unos tíos se están descojonando después de haber puesto una bomba en Barajas lo único que puedes decirte es que no hay solución, porque quién sabe lo que pasa por la mente de estos hombres. Y sólo lo puedes entender con el recurso del tripi o de los pasos liérgicos, algo que en su caso tampoco es absurdo.
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