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El que suscribe es de natural ingenuo y propenso a las causas perdidas, así que enseguida buscó una nueva batalla que librar y en la que sucumbir, como casi siempre. Abrir el Carola’s en verano. Ahí es nada. Se me podía haber ocurrido algo más fácil como acabar con el hambre en el mundo o que Pilares coordine, por fin, caderas y música, pero no. Reunir en una mesa del templo del rebequismo a socios, musas o satélites afines requería un esfuerzo nada recomendable en tiempos de canícula estival, pero de qué sirve ser encartado si no se puede demostrar. Horas después de lanzar al etéreo mar de Internet un mensaje dentro de una botellita de Anís del Mono, que así pesa más, tapado con pez, recibí varios mensajes de vuelta, esta vez sin botellitas. Y cuál fue mi sorpresa que tras varias negativas, excusas y tierra de por medio, llegaron mensajes positivos, secundando mi romántica moción de abrir el Carola’s en verano. Al final, nunca se está solo clamando en el desierto. Siempre nos quedarán los irreductibles. Salinas de Heros y Erika Doval, animados por sus últimas aventuras al pie de Gaztelugatxe, como atrevidos piratas en busca del mejor botín que no es otro que el que no se busca y se encuentra, decidieron dar un paso al frente y acompañarme en esta nueva misión. Habíamos creado un nuevo grupo. De irreductibles habíamos pasado a francotiradores. Y allí que quedamos, a golpe de SMS, en la terraza de un bar que siempre nos espera Como el goteo del inicio de una tormenta de verano fuimos llegando el que suscribe, Salinas y Doval por este orden y después de una primera ronda de pie, sujetados por unas cervezas y un sol vespertino que empapaba de verano la cara de Erika, nos acomodamos en una mesa en la que vimos agacharse al día y levantarse orgullosa una preciosa noche estival. Varias horas de conversación amena y a buen ritmo por donde pasaron más cervezas, perros malcriados y muchos puntos en común entre tres francotiradores que han luchado en guerras distintas, con objetivos distintos y cicatrices distintas. Por allí pasó Ilsa Lazslo con su vestido azul recién llegada de París, como un servidor, sin vestido azul pero compartiendo curiosidades y experiencias de mi viaje por, palabras de Salinas “la capital sentimental del mundo”. Al final de la conversación, solo en el coche, me di cuenta de que Salinas tiene muchísimas más cosas que contar, sobre París y sobre la vida que un listillo como yo y que debería haber tenido la boca cerrada y las orejas más abiertas. Erika se preguntaba por qué le gustaban más las películas antiguas que las actuales mientras comenzaba a aparecer Spencer Tracy con su acordeón llamándonos pescaditos, Salinas recordaba su ritual anual con Rick Blaine y yo veía a mi abuelo viendo cine. La música que salía del bar con una dulce cadencia también se convirtió en tema de conversación gracias a la camarera que se dedicaba a poner la banda sonora. Leonard Cohen, Edith Piaf, Jacques Brel o Camarón también se sumaron a nuestra mesa. Aline, que así se llama la camarera con un gusto musical exquisito se ha convertido por derecho y alguna que otra invitación, en la tabernera exclusiva de los francotiradores. En fín, que la versión de guardia del Carola’s salió más que airosa en una noche de verano espectacular en la que Salinas y Doval salieron a pie siguiendo el curso de una ría, por momentos plateada, y un servidor decidió quedarse apurando la penúltima canción que salía de ese bar que aún aguarda la próxima sesión del club más libérrimo del mundo.
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