Julio 4, 2008

Charla sobre litetarura… latinoamericana

Archivado en: Entrevistas (Inter), Revista — alex oviedo @ 6:09 am

El chileno Jorge Edwards y el colombiano Fernando Quiroz resultaron ganador y finalista del último Premio Planeta Casamérica, con el que la editorial española quiere dar a conocer lo que se está haciendo allende el Atlántico. Edwards ha ambientado La casa de Dostoiesky en Santiago de Chile, La Habana y París para construir una obra “sobre la poesía, los poetas y las ganas de ser poeta”. Quiroz ha preferido en Justos por pecadores, ahondar en las viviencias de un joven en el Opus Dei. Ambas novelas nos permiten acercarnos a la literatura de estos dos autores y preguntarles por lo que se está haciendo en Sudamérica en una distendida charla a tres bandas.
¿Creen que desde Europa desconocemos a los escritores latinoamericanos?

Edwards: Se simplifica sobre América, se sabe poco en el fondo, pero no sólo en España sino también en Europa. Es inevitablemente un conocimiento parcial, como ocurre con el conocimiento que tenemos allá de España. Y la otra cosa es que se generaliza como si América fuese lo mismo. América es trópico, es selva, papagayos, indios con plumas… Chile en sí misma es muy variada, hay clima tropical en el norte y ventisqueros como en Noruega. Chile termina en el Polo Sur. Incluso ahora tenemos turismo en la Antártida… Hace poco estuve en un cerro de Valparaíso y vi a turistas holandeses y alemanes que consumían pisco sauer, que es un brebaje chileno…

Quiroz: Un aguardiente de uva…

Edwards: …Lo consumían con locura, y además nos invitaron al barco a seguir la fiesta. Y si me embarco hubiera terminado en la Antártida.

Quiroz: Con una alemana…

Los dos escritores sonríen.

Edwards: Chile es muy diferente a Colombia, y Colombia a México; entender esa variedad es muy interesante, pero difícil en la distancia. Y es un mundo que ha producido literatura desde hace mucho tiempo.

Quiroz: Creo que sobre todo somos muy distintos en lo privado. Todos hemos padecido en algún momento un régimen dictatorial o hemos dado la vuelta por algo de izquierdas. Pero en la literatura hay una especie de hermandad. Tengo amigos escritores en muchos países de América Latina con los que además hay una relación muy sana, nos pasamos información sobre agentes, ferias, oportunidades, o se ofrecen a presentar la novela de uno en su país. Y la temática es de una variedad enorme. En Colombia, por ejemplo, hay gente que ha retratado la violencia, que están escribiendo novela histórica o que descubren la sexualidad de personajes de historieta. Esta riqueza se da también en Chile o Argentina, por lo que es muy difícil trazar un común denominador. No es como en otras épocas en las que imperaba el tema político, por ejemplo. Incluso hay novelas a las que es difícil ponerlas un género, tienen algo de negras, intimistas…

Edwards: O de reportaje, crónica, memorias. Creo que en la novela latinoamericana de hoy, a diferencia de los años 50, en que tenía que ser comprometida en algún sentido, se han desarrollado inquietudes diversas, temas e incluso paisajes. Hay escritores que se han embarcado en la Alemania de Hitler o que escriben sobre algo que ha pasado en África. Se ha dispersado el centro temático. Incluso creo que la gente está leyendo más. Al menos en Chile, o en Argentina. No sé en Colombia.

Quiroz: Ha ganado muchísimo, aunque los índices de lectura van tímidos.

¿Por cuestiones económicas, sociopolíticas?

Quiroz: Económicas sobre todo. Los índices de lectura suelen basarse en las ventas. Y en Colombia, como en gran parte de América Latina, hay mucha gente que no tiene para comer y mucho menos para comprar un libro con regularidad. Pero hay en Colombia, por ejemplo, una red de bibliotecas maravillosa, que es una de las mejores cosas que nos han dejado las administraciones pasadas, con unas megabibliotecas que fueron encargadas a los mejores arquitectos, que las hicieron sin ahorrar un solo peso y que están en barrios muy desprotegidos. Uno va y están llenas.

Edwards: Es lo que me admiró de Bogotá. Porque en Chile no tenemos esa política cultural del Estado tan clara. Son muy tímidos nuestros gobiernos, muy ahorrativos. Y no sé por qué, ya que Chile es hoy en día un país que tiene reservas. Pero está claro que las reservas se reservan… Soy amigo del ministro de Hacienda actual, que tiene el pecado de haber escrito una novela, que se la presenté yo además, pero es muy ortodoxo, y lo que se ha hecho es repartir un maletín con libros a los pobres. Pero eso no sirve para nada. A veces parece un chiste, salió carísimo el maletín, y los chicos que lo recibieron lo mandaron a las librerías de viejo. El chileno es lector pese a la dificultad. Cada libro en Chile se lee por mucha gente. Una persona compra un libro pero después se forma una cola para leerlo. Incluso hay quien tiene una libreta en la que apunta quiénes están inscritos para leerlo. Cada libro entonces pasa por 10 ó 15 personas, lo que significa que hay lectura pero no dinero. Y no hay mucho respeto por la idea de biblioteca. Es incómodo consultar las bibliotecas: son rutinarias, burocráticas, frías… No hay esa cosa moderna que encontré en Bogotá.

Quiroz: Lo que entusiasma de esas bibliotecas es que están llenas de jóvenes. También es un espacio muy interesante para las personas que están retiradas de su trabajo, porque esto les alarga la vida maravillosamente. Pero que estén llenas de jóvenes significa que vamos a tener muchos lectores muy pronto. Que ya los tenemos pero que se está creando una cultura de leer más.

Es precisamente lo que se dice que falla en España, donde se dice que la cifra de no lectores es de más de un 42%.

Edwards: Una cifra impresionante. Lo que en España hay son libros, que se producen aquí de una manera impresionante. Creo por ejemplo que se traduce más que en Francia, que era el país de las traducciones. Pero volviendo al tema de la relación de España con América Latina, hay escritores iberoamericanos que nunca llegaron acá y no los lee nadie. Y es un problema no sólo de la curiosidad intelectual sino también de la industria editorial.

Quiroz: Lo curioso es que las editoriales españolas han ido absorbiendo buena parte de las locales. Han comprado sellos y casas editoras de mucha tradición. Y sin embargo no es muy fácil la circulación permanente entre España y América Latina.

¿El idioma nos sigue uniendo?

Edwards: Yo he dicho en varias ocasiones que el idioma común nos desune, porque hay una resistencia al modismo regional que es instintiva. Cuando los chilenos leen una novela española ven expresiones que ya no se usan y les resulta molesto. Prefieren entonces leer una traducción de un alemán, un egipcio o un inglés. De ahí que en Chile se lea mucho a McEwan o a estos escritores del Norte de África que han salido.

Porque muchos lectores suelen decir que los sudamericanos abusan de los regionalismos…

Edwards: Y nosotros lo decimos allá de los españoles. Pero si uno creyera eso significaría que el escritor tendría que llegar a una especie de esperanto. No escribir ni en chileno, ni en colombiano ni en madrileño, sino buscar un español universal. Y eso no existe… Porque el idioma es un producto del habla cotidiana, un producto natural que va cambiando con el tiempo. Hay que tener curiosidad, interés e incluso simpatía por las manifestaciones cotidianas del idioma en todas sus formas.

Quiroz: Es lo que a mí me parece más atractivo del idioma, que somos capaces de entendernos en todas partes. Y la academia de la lengua, con esos encuentros que está organizando, el próximo en Chile, el anterior en Colombia, está acercando las diferentes formas de entender el idioma. La Academia sacó por ejemplo un diccionario de colombianismos y sus equivalencias.

Edwards: En Chile también.

Quiroz: Y eso para alguien medianamente curioso es una fantasía, es una delicia. Es riqueza. Palabras que dichas en un sitio significan algo y en otro lo contrario.

Edwards: O son groseras. Por ejemplo aquí me dicen: “He cogido el taxi”. ¿Se puede decir cogido? Pues cómo no se va a poder decir, pero lo que pasa es que en Argentina significa que he tenido relaciones sexuales con el taxi, lo que resulta un poco raro. En Chile se usa la palabra guagua, que es de origen indio para describir a un bebé; en Cuba y en Venezuela describen a un bus. Así que si en Cuba me dicen que una señora está esperando el guagua es que espera el bus, mientras en Chile es que está embarazada.

Quiroz: Un día en México fui a comprar un saco, que si es deportivo en Colombia le llamamos chaqueta. Y al ir a pedirlo casi me sacan del almacén, porque lo que estaba pidiendo es que me masturbara.

Edwards (Ríe): Lo que hay que decir con la lengua es que seamos tolerantes, que no seamos calvinistas o cosas peores.

3 comentarios »

  1. Pues sí que era buena la entrevista, llevaba tanto tiempo oyendo hablar de ella que creía que era una imaginación tuya. Ojalá hubiera estado allí, hablando de bibliotecas, turismos extremos y diccionarios de localismos. ¿Dónde podrá conseguirse uno de esos? ¿Y si escribimos a partir de ahora en colombiano o en chileno, a ver qué pasa?

    Comentario por Elena — Julio 4, 2008 @ 10:59 am

  2. Ya sabes Elena que si te hablé tanto de ella fue para que rabiaras de envidia, jeje. Y lo admito, hubieras disfrutado oyéndoles hablar. Y si te ha gustado la entrevista, he oído que en el periódico Bilbao de este mes hay un artículo genial sobre Sydney Pollack. Lo que no recuerdo es quién lo firma…

    Comentario por alex oviedo — Julio 4, 2008 @ 2:22 pm

  3. […] que publiqué la entrevista a los escritores sudamericanos Jorge Edwards y Fernando Quiroz me lleva pasando una cosa curiosa que tiene que ver con el juego. Por alguna razón que desconozco, […]

    Pingback por Escritores Vascos » [Gaste usted gratis su dinero] — Julio 29, 2008 @ 9:00 pm

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