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Recuento del dÃa -
General
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Escrito por Alex Oviedo
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Miércoles, 30 de Marzo de 2011 15:39 |
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Lo admite. Siente una punzada de envidia en el estómago cuando lo ve ahà arriba, como un telepredicador, dice él, hablando de sus novelas, de cómo escribe, de cómo crea. Piensa que es una envidia sana, pero para qué va a engañarse: la envidia nunca lo es. Y le ve hablar, con desparpajo, empleando todos esos recursos que sabe le van a funcionar. Porque el público está entregado, y se deja mecer como una barca por un oleaje de humor y ocurrentes palabras. Y el escritor, no vamos a negarlo ya, es bueno. Quizás le queden aún un par de novelas para serlo con mayúsculas, pero es bueno. Constante, imaginativo, tenaz. Y ha hecho marca. De sà mismo, de su obra. Y ha logrado un coro de seguidores, que es lo que todo autor quiere conseguir, esa gente que le detenga a la puerta de la conferencia y le diga: me ha gustado mucho tu libro ese de los árboles. O: pero cómo se te ocurre matar al personaje. Le oye hablar, mira a su compañera de asiento que está más hermosa que nunca, sonrÃe. SÃ, asiente con una mueca de satisfacción. Ese de ahà es mi amigo.
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