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Recuento del dÃa -
DÃas
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Escrito por Alex Oviedo
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Martes, 10 de Marzo de 2009 09:35 |
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Desde los ventanales de su estudio se puede ver el Museo de Bellas Artes, gran parte del parque de Doña Casilda y muchos de los montes que rodean Bilbao. Esperan. Han tomado el café en la cocina, una de ésas extraÃdas de una revista de decoración. "Pero aunque parezca mentira todo es de Ikea", dice la mujer. Él sonrÃe. "¿Y de qué hablaremos?", pregunta. "De la empresa, desde luego", subraya ella, de su intento por poner en palabras lo que otros no son capaces de expresar. "Aunque me temo que vamos a acabar hablando de amor", añade. Porque lo que el programa de televisión quiere es que les expliquen cómo dos personas se dedican a escribir cartas de amor para otros. De encargo nada menos. Las cosas son asà y no las hemos inventado nosotros, piensan. Pasadas las cuatro llega el equipo: un cámara, un técnico de sonido, una regidora y la presentadora. Cuatro contra dos es jugar con ventaja. Y por eso se dejan hacer, durante más de tres horas: sonrisas, frases que repiten hasta dar con el tono, gestos de no haber actuado en la vida ante una cámara. "Y ahora la pregunta sorpresa", amenaza la presentadora con una sonrisa. "Dispara", dicen ellos. "¿Sois pareja?". Arqueo de cejas, ojos fuera de sus órbitas, boquitas abiertas de par en par. "No", responden casi al unÃsono, aunque la cercanÃa de la cámara les exija estar en una postura que puede indicar lo contrario. "¿Y cómo vais de amores?". De cagarse, piensa él, más proclive a los tacos. "Pues ya ves", tercia la mujer, "yo divorciada y él en proceso. Para que luego nos digan que no sabemos de esto".
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Recuento del dÃa -
DÃas
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Escrito por Alex Oviedo
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Sábado, 07 de Marzo de 2009 10:25 |
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Lo admito, los acontecimientos de las últimas semanas hacen que uno esté nervioso, que vea fantasmas donde nos los hay, que invente tramas de cine policiaco con amigas que lo único que se merecen es admiración, o que Judas me bese sin que me dé cuenta de ello (y varias veces, con lengua incluso). Me encuentro en un bar con uno de esos altos cargos de la farándula editorial. Es todo sonrisas, abrazos de oso, bailes de cortejo en plan derviche (él es el maestro, yo su discÃpulo). Pero parece que hay miedo, o que ya no somos esos chavalitos imberbes que intentaban hacer cosas y que era imprescindible que nos apoyáramos en ellos. Ahora ya hemos aprendido a andar, no balbuceemos como antes (incluso aunque en las presentaciones de libros sigamos sudando como gorrinos y tartamudeemos hasta entrar en calor); vale, cometemos los mismos errores, o parecidos, porque seguimos creyendo que juntos se puede conseguir más que por separado. Pero qué cosas: aún hay peña anclada en márgenes comerciales de intermediario bananero o polÃticos de turno que ni te saludan aunque ellos estén ahà porque tú les has organizado el proyecto. En el fondo, si salen en la foto es porque has movido sus hilos, son sólo marionetas, tÃteres sin cabeza, seres tan planos como una tabla de planchar. Puede que sea algo clasista, de señorito de Bilbao, o de persona condescendiente, el padre que te tira de los mofletes para animarte a seguir. A modo de felicitación. O simplemente es que no hablas su idioma. Pues sÃ, quién sabe. Pero tú sigues ahÃ, por mucho que te sigan diciendo que si no fueses tan bocametro (el trabajo me hizo asÃ, que para eso era la imagen del medio) estarÃas de Consejero de Cultura (nada menos; serlo es muy sencillo por lo visto hasta ahora) o dirigiendo cualquier medio de esos de provincias (que también es fácil; ser jefe de sección sólo significa saber quién te puede rellenar los huecos para que el periódico salga al dÃa siguiente. Ni siquiera ha de ser muy bueno, a veces basta con que lleve un pañuelo en la cabeza). El problema es que son demasiados frentes, demasiada peñita metiéndote las gomas, susurrándote que pares, que desde hace varios meses no eres el mismo o lo has hecho todo mal. Y uno, a esta edad, empieza a estar cansado de servir de sparring.
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Recuento del dÃa -
DÃas
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Escrito por Alex Oviedo
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Viernes, 20 de Febrero de 2009 16:51 |
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"¿Sabes?", murmuró su abuelo. Alberto se habÃa acercado a la cama donde yacÃa el hombre y observaba sus esfuerzos por intentar articular una nueva frase. Despacio, como dando valor a cada palabra: "En la vida te encontrarás con muchos tipos que hablen mal de ti. Se inventarán relaciones, pondrán en tu boca cosas que jamás hayas dicho, creerán haberte visto en brazos de una mujer o tal vez de otro hombre, todo depende de lo que quieran conseguir. Cuando oigas todo eso, sonrÃe, porque lo más seguro es que estés haciendo las cosas bien. Nadie habla mal de quien le es indiferente. Y no te preocupes: piensa en los amigos que te quieren, en tu familia, en lo que has dejado atrás y en lo que puedes lograr con esfuerzo y tesón". El abuelo tosió entonces un par de veces; luego hizo un gesto para que su nieto se acercase. "Más", dijo, obligando a Alberto a situar el rostro a unos milÃmetros de sus labios. "Nunca tengas en cuenta el qué dirán. Hacerlo sólo te impedirá vivir. Y la vida, hoy por hoy, es lo único que sabemos a ciencia cierta que vamos a disfrutar".
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Recuento del dÃa -
DÃas
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Escrito por Alex Oviedo
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Viernes, 13 de Febrero de 2009 16:32 |
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 He sido yo...,   ¿y qué?
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